Edificio de Grandes Molinos Vascos. Se puede ver el mal estado de la cubierta. (Foto: Javier Bustamante)

Bilbao fue ciudad de fábricas, muelles, trenes de mercancías y estructuras portuarias. Algunos de esos vestigios sobreviven con dificultad, coronando Zorrotza como uno de los pocos rincones donde ese legado industrial aún es visible. Y uno de los símbolos más potentes -y controvertidos- es el edificio de los antiguos Grandes Molinos Vascos, junto a la ría, protegido con categoría de Monumento desde 2009.

El edificio y su cubierta

Construido entre 1923 y 1924 por el arquitecto Federico Ugalde, este inmueble en forma de «L» albergó una de las mayores harineras del país. Con 23 silos en el ala izquierda, capacidad para 75 toneladas de grano y muelles conectados con la ría y el ferrocarril, representó un esfuerzo arquitectónico pionero en hormigón armado.

Sin embargo, decenios de abandono han hecho estragos. El tejado original de tejas planas fue sustituido por cubiertas de uralita (fibrocemento) con amianto, hoy en día en estado “extremadamente deficiente”. Se ha derrumbado en zonas y miles de fragmentos han caído o volado por los alrededores.

Un riesgo para el barrio

Un informe reciente de la Diputación Foral de Bizkaia cuantifica en casi 19 toneladas de amianto esa cubierta contaminada. Las asociaciones vecinales llevan años denunciando desprendimientos del tejado y alertando de que ese material cancerígeno está dispersándose por el aire del barrio de Zorrotza.

Intervención de Ana Viñals en el pleno del Ayuntamiento de Bilbao.

Ana Viñals, concejala de Elkarrekin Podemos en Bilbao, ha expresado su alarma ante el pleno del Ayuntamiento: considera el amianto como un problema de salud pública y prevención urgente, y ha pedido que el consistorio actúe de manera subsidiaria —es decir, aunque la propiedad no lo haga— para aislar o encapsular la cubierta (ver intervención de Ana Viñals en el pleno del Ayuntamiento). Por su parte, el equipo de gobierno respondió diciendo que va a pedir a la Diputación de Bizkaia que empiece las obras cuanto antes.

¿Por qué no se ha actuado antes?

El edificio está en manos privadas (sociedad ACSA) y Patrimonio ha venido solicitando un plan de rehabilitación que nunca ha llegado. En 2022 incluso se abrió un expediente sancionador a los propieta­rios por su inacción. Según Ana Viñals, el Ayuntamiento ya conocía la situación, pero solo presentó el censo obligatorio sobre edificios con amianto en marzo de 2025, incumpliendo el mandato de la Ley 7/2022, que exigía hacerlo antes de abril de 2023.

El Gobierno municipal, por su parte, ha manifestado dudas sobre la presencia exacta de amianto en toda la cubierta, afirmando que solo está confirmada en la marquesina trasera del depósito industrial. Sin embargo, ha anunciado que este verano comenzarán los trabajos para retirar el fibrocemento, ya licitados con un presupuesto de casi 1,2 millones y adjudicados para nueve meses de obra.

Patrimonio en riesgo y oportunidad perdida

El edificio es uno de los ejemplos más destacados del patrimonio industrial bilbaíno. Representa no solo un arranque tecnológico del siglo XX, sino también el testimonio de trabajadores y barrios que construyeron la ciudad. Que esté protegido como Bien Cultural Calificado no ha impedido su degradación.

Ana Viñals reclama que, además de retirar el amianto con todas las garantías sanitarias -y limitando el acceso y el tráfico en la zona- se convierta esta intervención en una oportunidad para recuperar el edificio en sí. Su idea: no solo desamiantar, sino empezar a pensar en su rehabilitación integral, aportando voz a la memoria obrera del barrio y evitando que se pierda definitivamente.

Un símbolo del olvido y una llamada a actuar

Este episodio -como el olvido gradual de otros vestigios industriales dentro del municipio- no es solo una pérdida patrimonial, sino una ruptura con la identidad colectiva.

La recuperación del edificio de Molinos Vascos puede ser un punto de inflexión: que no solo se retire amianto, sino que se reconozca el valor de lo que queda, y se decida si el futuro lo integra como memoria viva o lo deja desaparecer como tantos otros espacios industriales invisibles.

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