El "Abuelo".El tilo del Arenal, conocido como “El Abuelo”, frente a San Nicolás. Testigo de 132 años de historia bilbaína, cayó en 1948 por un vendaval.

Bilbao ha tenido alcaldes, arquitectos, artistas y hasta algún que otro iluminado. Pero pocos han visto tanto como aquel tilo que se alzaba frente a la iglesia de San Nicolás. Le llamaban “El Abuelo”, y no solo por cariño: lo era de verdad. 132 años de vida, desde 1816 hasta 1948, viendo pasar generaciones, vendavales y revoluciones.

El tilo fue plantado en 1809 por Santiago Brouard en la Anteiglesia de Abando. Siete años después, en 1816, fue trasladado al Paseo del Arenal, justo frente a San Nicolás. Allí echó raíces -literalmente y figuradamente- y se convirtió en punto de encuentro, sombra de tertulias y testigo de todo lo que pasaba en la villa.

Este Brouard fue un ingeniero agrónomo y jardinero, y fue autor del folleto titulado (nada más y nada menos) «Cultivos de Santiago Brouard, jardinero, miembro de una academia de horticultura, corresponsal de varias sociedades agrícolas, etc., establecido cerca de Bilbao en el barrio de Basabe, en Deusto«. La obra fue publicada en 1860 por la imprenta de Juan E. Delmas y es una mezcla entre unas breves descripciones de plantas y un catálogo de los que él vendía. Como curiosidad, los precios están en reales de vellón. El folleto está conservado en la Biblioteca Foral de Bizkaia y está digitalizado por Lau Haizeetara, la biblioteca digital de la Biblioteca Foral de Bizkaia, por lo que puede consultarse aquí.

No hemos encontrado evidencia de que este Santiago Brouard tenga relación familiar con el médico y político homónimo asesinado por los GAL en 1984. Comparten nombre, pero vivieron en siglos distintos y no aparecen vinculados en registros genealógicos ni en prensa histórica.

Volviendo al «Abuelo», durante décadas fue el único superviviente de un arbolado que había servido para consolidar el terreno ganado a la ría. En 1844, el Arenal llegó a tener 284 árboles corpulentos, en su mayoría tilos y plátanos. Pero el «Abuelo» resistía como símbolo de continuidad.

Se decía que sus raíces llegaban hasta la Plaza Nueva, y que bajo su copa se habían cerrado tratos, iniciado romances y discutido presupuestos municipales. En una ciudad donde cada esquina tiene historia, este árbol tenía varias.

En 1948, un vendaval lo derribó. 132 años de vida se fueron al suelo en una noche de viento. Y con él, cayó también una parte de la memoria viva de Bilbao. No hubo redes sociales para llorarlo, pero sí hubo silencio. El tipo de silencio que sólo se reserva para lo que de verdad importa.

En marzo de 2023, el Ayuntamiento plantó un nuevo tilo y colocó una placa en memoria del original.

En marzo de 2023, el Ayuntamiento de Bilbao plantó un nuevo tilo en el Arenal y colocó una placa en memoria del original. No es el mismo, claro. Pero está en un lugar cuidadosamente elegido, con espacio para crecer y convertirse, quizá, en el nuevo «Abuelo» de futuras generaciones.

Y, ¿qué nos dice hoy el tilo del Arenal? Pues nos dice que Bilbao no olvida. Que incluso un árbol puede ser parte de la identidad de una ciudad. Que la historia no siempre está en los libros, sino en las raíces, en las sombras, en los lugares donde la gente se encuentra sin necesidad de GPS.

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