(Editado: Finalmente, el Athletic reconoció su error y se puso en contacto con la socia, a la que ya habían asignado localidad, para permitir que volviese a la grada de animación)
Hay decisiones que no se explican por un reglamento. Se explican por una forma de entender -o de no entender- a las personas.
Este es un caso real.
Mi yerno, Sergio, era socio del Athletic Club. Tenía su localidad en la grada de animación. No era solo por ser más barata. Era su sitio. Allí vivía el fútbol con pasión, con su gente, como se vive en Bilbao.
Y lo vivía de verdad. Siempre que podía intervenía en programas de radio tras los partidos. Opinaba, discutía, sentía cada jugada. Era uno de esos aficionados que hacen club.
Tenía una discapacidad, y mi hija entraba como su asistente. Gracias a eso podía seguir formando parte de algo que le importaba profundamente.
Cuando él falleció, mi hija heredó su carnet de socia. Y ahí empezó el problema.
Es razonable que una localidad adaptada a una discapacidad deba modificarse. Eso se entiende. Lo que no se entiende es lo que viene después: el club le obliga a abandonar la grada de animación y a trasladarse a una tribuna.
No es un simple cambio de asiento. Supone pagar bastante más por el abono. Supone perder el entorno humano de años, dejar atrás a la gente con la que se ha compartido mucho más que partidos. Y supone, sobre todo, ser apartada de la forma de vivir el fútbol que ella había elegido.
Todo ello sin alternativas, sin flexibilidad, sin una mínima consideración por la situación personal.
El Athletic ha construido su identidad sobre valores: pertenencia, comunidad, fidelidad. Y es cierto que ese relato forma parte de lo que hace especial al club. Pero los valores no se proclaman. Se demuestran. Y se demuestran precisamente en situaciones como esta.
El presidente del Athletic Club, Jon Uriarte, ha insistido en más de una ocasión en el papel central de los socios y en los valores que hacen único al club. Precisamente por eso, decisiones como esta resultan difíciles de entender.
Aquí no estamos hablando de números ni de asientos. Estamos hablando de una persona que ha perdido a su pareja y que ahora ve cómo también pierde su lugar dentro del club.
El Athletic aún está a tiempo de rectificar. Porque, en este caso, no se trata solo de aplicar una norma. Se trata, sencillamente, de hacer lo correcto.
