Para la Policía Municipal de Bilbao, el mero hecho de ser joven ya te convierte en una persona sospechosa. Y, si encima tienes un problema en una discoteca prepotente, el cóctel está servido. Y no es precisamente un cóctel agradable de tomar.
Los hechos ocurrieron en la madrugada del pasado sábado al domingo. Un grupo de jóvenes disfrutaba de la noche en la sala Rock Star, en plena Gran Vía bilbaina. Al ir a coger su consumición, uno de ellos se cortó tres dedos con un vaso roto que alguien había dejado junto al suyo, por lo que empezó a sangrar abundantemente. El daño no fue trivial, ya que posteriormente hubo que darle puntos en los tres dedos.
Sus amigos se dirigieron a los responsables de la discoteca quienes, en lugar de prestarles ayuda, les sugirieron que saliesen a limpiarle en una fuente que se encuentra en el Parque de Doña Casilda.

Así lo hicieron. Cuando consiguieron frenar la hemorragia, el herido y cuatro acompañantes decidieron volver a la sala, pero los guardias de seguridad les impidieron la entrada, con el argumento de que el accidentado estaba manchado de sangre y eso daba mala imagen a la discoteca.
Los jóvenes insistieron en que querían entrar, ya que habían pagado sus entradas, pero los “seguratas” no cesaban en su negativa. En un determinado momento, el jefe de los mismos les dijo que no iban a entrar bajo ningún concepto y que, si querían, presentasen una hoja de reclamación.
Los jóvenes admitieron la sugerencia. El jefe fue a por las hojas (o eso dio a entender), mientras decía a los guardias: “Quedaos con la cara de estos, que no vuelven a entrar aquí en la vida”.
Cuando regresó, lo hizo con una sola hoja, por lo que los jóvenes dijeron que querían presentar una hoja cada uno, ya que a todos ellos se les prohibía la entrada. Pero el jefe se negó a ello. Uno de ellos sacó su teléfono y grabó la negativa, como prueba para poder denunciarlo. Cuando ya había dejado de grabar, uno de los guardias le dijo: “¿estás grabando?” a lo que este respondió que ya no y le mostró el teléfono. El guardia le dio un manotazo y estrelló el teléfono contra el suelo, dejándolo totalmente destrozado.
Otro de los jóvenes grabó este incidente y así se lo advirtió, por lo que comenzaron a correr tras él. Uno de los amigos se interpuso, por lo que le propinaron un golpe y lo arrojaron al suelo, causándole diversas lesiones, como consta en el parte médico que se elaboró.
Todo esto estaba siendo grabado por el anterior, por lo que fueron a por él, lo arrojaron al suelo y empezaron a forcejear para arrebatarle el teléfono.
En esos momentos pasaba por el lugar una patrulla de la policía municipal, por lo que el primer joven, al que habían roto el teléfono, llamó su atención y les pidió que intervinieran.
¡Mala idea! Como comentaba al principio, el ser jóvenes los convirtió en sospechosos y la policía, en lugar de dirigirse a los “seguratas”, se dirigió a los jóvenes, poniéndolos contra la pared y procediendo a identificarlos, cuando habían sido ellos, precisamente, los que habían solicitado su intervención. También aparecieron por el lugar dos personas de paisano (supuestamente también policías), armados con porras extensibles, que amenazaron a los jóvenes para impedir que se acercasen a la puerta de la Rock Star.
Aquí acaba la primera parte. Los jóvenes se trasladan a la comisaría de la Ertzaintza en Deusto. El policía que los atiende, en lugar de tomar la denuncia, les pregunta si habían bebido. Le contestan que sí, pero ya hacía cuatro horas de eso. En cualquier caso les dice que se vayan a casa y que vuelvan al día siguiente.
El lunes vuelven y en la comisaría de la Ertzaintza les dicen que la denuncia la tienen que presentar en las dependencias de la Policía Municipal, así que se trasladan a la comisaría de Deusto, donde les dicen que vayan a la comisaría de Abando. En esta les dicen que vayan a la de Miribilla. Cuando llegan allí, la comisaría está saturada y tenían que esperar cerca de tres horas, así que vuelven a la noche, a las 23:30. Otra mala idea. Al parecer, el cambio de turno es a las 24:00, con lo que, pese a no haber ninguna persona esperando, nadie los atiende hasta una hora después.
Y hasta aquí el relato. Puede parecer un suceso más de los que ocurren cualquier noche en cualquier ciudad. Pero si no se toman medidas, seguirán ocurriendo. No puede consentirse que los matones de discoteca campen a sus anchas. No se puede consentir que un accidente ocurrido dentro de una discoteca no sea atendido por los responsables de la misma. Y no se puede consentir que la policía, que supuestamente está al servicio de toda la ciudadanía, actúe con prejuicios, por ser los implicados personas jóvenes o, como ha sucedido en muchos otros casos, por ser personas racializadas.
